¡Dime cuál es tu vaso y te diré qué cerveza bebes!

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Qué importa el frasco mientras haya embriaguez, dice el refrán. Pero, para la cerveza, hablemos más bien de «dar con la horna de su zapato». Aunque el principio de asociar una cerveza a un tipo de vaso concreto no es muy antiguo en nuestro caso. En realidad, el vaso de cerveza en sí no apareció hasta el siglo XIX, cuando el hombre empezó a controlar a la perfección el tallado del vaso. Antes de ello, la cerveza se degustaba en frascos de barro cocido más o menos abocinados, a los cuales se sucedieron las jarras de estaño, de gres o de cerámica. Habrá que esperar a la posguerra para ver, poco a poco, cómo los maestros cerveceros asociaban las diferentes bebidas a un tipo de vaso concreto, una tendencia que se ha acelerado durante los últimos años, bajo el impulso de un marketing perspicaz, hasta el punto de que hoy no existan prácticamente dos vasos idénticos... Es imposible presentar aquí todos esos tipos de vasos disponibles en el mercado. Pero intentemos clasificar algunos: El vaso recto: heredado de la tradición de los pubs irlandeses, este sencillo vaso en forma de vaso de plástico estaba, en su origen destinado a las cervezas rojas. Aquí, se ha refinado la base, realzado y dotado de estrías para que se convierta en el vaso de Pils por excelencia (nuestros amigos los franceses prefieren el vaso tulipa). Un poco más grueso, también acoge bien una buena Gueuze, incluso una Kriek, florones de la cervecera Timmermans. Ligeramente deformado en bulbo en su cúspide, acoge magníficamente la Guiness y su corona de untuosa espuma. El vaso tulipa: este vaso con un pie estilizado con un cuello estrechado se combina bien con las cervezas rubias que, cargadas de gas, necesitan un alto cuello para dejar escapar sus burbujas. En Alemania, ciertos vasos son así hasta la copa flauta. El cuello estrechado de vaso tulipa permite también concentrar el buqué más ligero de la cerveza rubia. Y se presta también a servir de emblema a ciertas rubias o rojas de carácter distintivo, como la gama de Gordon Finest Beers, servidas en un vaso no «tulipa» sino «cardo» que recuerda el símbolo de la marca. Numerosos cerveceros también la han elegido para exaltar los aromas de cervezas afrutadas de fermentación espontánea (Kriek, de frambuesa, etc.) o de cervezas especiales. El vaso cáliz: este vaso con pie grueso, que alcanza su anchura máxima en su cuello, es el vaso típico de las cervezas trapenses y de abadía. Además del símbolo monástico que evoca, el vaso cáliz permite a estas cervezas de ancha paleta aromática liberar más fácilmente el conjunto de sus aromas. Y qué decir de la creatividad de los cerveceros para dar a este vaso un toque exclusivo. De la Diabolici, triple rubia de la cervecera familiar, John Martin afirma, por ejemplo, su carácter «infernal» en un vaso cáliz dotado de un soporte metálico. La copa de balón: con su forma redonda y recogida que recuerda la de vaso de vino, este vaso con pie es particularmente conveniente en el caso de las cervezas tostadas, como la Bourgogne de Flandres, generalmente con poco gas, su cuello cerrado permite de concentrar su buqué. El vaso tipo Bock: es el vaso por excelencia de las cervezas blancas. En ese vaso plano, ancho y grueso que se coge con toda la mano, los amantes de la cerveza pueden fácilmente añadir un luquete de limón para aumentar la acidez de la cerveza. Como conclusión, un breve consejo: sea cual sea el vaso que elijas para degustar tu cerveza, comprueba si está limpio. El vaso de cerveza debe estar muy limpio y no presentar ningún rastro graso (de dedo, por ejemplo). Un vaso perfectamente limpio tendrá la ventaja de retener mejor la espuma de la cerveza y, si no es el caso, la presencia de agentes grasos puede reducirla considerablemente. Para asegurarte de su pulcritud, basta con enjuagar tu vaso con agua fría antes de utilizarlo y secarlo al aire libre.