¡La cerveza se vuelve activamente verde!

La cerveza es en su esencia un producto sano ya que está compuesta por materias primas muy naturales. Sin embargo, su producción está sujeta a hechos: tiene mucha agua y se transporta en el todo mundo, lo cual hace que su huella ecológica no sea nada desdeñable. Brewery Bourgogne des Flandres En el ámbito industrial, se utilizaba mucha agua de las fuentes y de los ríos para producir cerveza en el pasado. Asimismo, los grandes cultivos de cebada y de trigo hicieron uso de abonos en los campos (como es el caso en la producción del pan). No olvidemos tampoco la fabricación de envases y la energía derrochada en el envío de las bebidas, en ocasiones lejos de la tierra de su lugar de origen según su éxito. Desde la toma consciencia de los riesgos relacionados con el calentamiento climático y el uso no controlado de los recursos, numerosas empresas —como las fábricas de cerveza— hacen innumerables esfuerzos por reducir el impacto energético y ambiental de su actividad. Podemos incluso afirmar que los cerveceros son un buen ejemplo de ello. A día de hoy, la tecnología apoya dichas preocupaciones y se llevan a cabo investigaciones en todos los países, sobre todo gracias a la ayuda de las grandes instituciones (como es el caso de la Unión Europea). Estas importantes inversiones no llevan solo el nombre de los grandes grupos como Inbev o Carlsberg. Por ejemplo, esta fábrica de cerveza está poniendo en marcha —con la ayuda de la UE— un proceso de captación del CO2 sin ECO2Brew, en tanques de fermentación y sin consumo de agua. Así, el gas recuperado se reutiliza para la gasificación de otras bebidas y permite reducir un 20 % el consumo de energía. Una industria cada vez más limpia y eficiente Brewery Timmermans En Bélgica, varias fábricas cerveceras de tamaño medio —como Chimay, la fábrica Martens o el grupo Anthony Martin (en la fábrica Timmermans en particular)— también han hecho esfuerzos significativos para reducir su huella de carbono, racionalizando los envasados reutilizables (a veces hasta 35 usos de una misma botella o de barriles), reduciendo drásticamente la energía necesaria para la elaboración (gracias a la energía solar, eólica o biomasa), optimizando el coste energético del transporte (compras en masa de las materias primas) y a través de medios menos contaminantes como los ecotrucks, el tren o las vías fluviales. Numerosas fábricas belgas también tienen depuradoras eficaces que recuperan el agua para limpiar los barriles. Los «desechos» de sus ingredientes como los granos sirven de alimento para el ganado. Según el informe anual de 2015 de la Federación Nacional de los Cerveceros Belgas, los esfuerzos realizados por sus miembros reflejan claramente una consciencia ambiental activa. Sus cifras son claras: el sector cervecero paga unos 25 millones de euros de impuestos sobre los envases consignados y no consignados al Estado belga. El 74 % de la cerveza vendida por la industria cervecera se comercializó en envases reciclables (barriles, botellas y cajas). En 20 años, el volumen de agua usada para su fabricación ha pasado de una media de 10 a 20 litros para un litro de cerveza, a 6 litros o incluso 3,5 litros en fábricas muy modernas como Martens. Pure Water Spring Tranquil Nature El próximo reto de las fábricas cerveceras sigue siendo el agua, ya sea en el proceso de fabricación o de limpieza, sobre todo a la hora de desarrollar un procedimiento de filtración eficiente para volver a tener agua potable utilizable en las operaciones de limpieza y enjuague. El otro reto es el de poder desarrollar instalaciones que funcionen a partir del biogás —o energía verde— en el futuro. Y Bélgica tiene fábricas cerveceras pioneras en ese ámbito que han desarrollado una de las instalaciones eficientes en las que, durante la elaboración, el agua que no se utiliza se depura gracias a bacterias que producen metano y CO2. Este gas se transforma en electricidad, lo cual reduce notablemente el impacto energético de la fabricación. Estos cuantos ejemplos muestran que el sector cervecero —y, en particular, Bélgica— está muy comprometido con una carrera que va hacia la eficiencia y calidad del producto si hablamos de pureza, sabor e impacto ambiental positivo. Los maestros cerveceros saben también que será gracias a la innovación y a la optimización de la protección de los recursos que podrán, a largo plazo, preservar la veracidad de un producto de la tierra así como producir la cerveza suficiente para llenar nuestros buches, siempre a un coste razonable.